martes, 24 de junio de 2014

Perdí- Perdimos


Siento la necesidad de extrañarte, porque me es necesario recordarte. Recordar que me perdí. Me perdí en tratar de obviarte, en tratar de mentirme. Y olvidar. Pero es erróneo sentir como lo siento, apreciar cada instante como lo aprecio, y deslizarme suavemente hacia el infinito. A veces contigo. Otras veces sin mí.Perderse es la mejor manera de encontrarse, reza un sabio proverbio. No creo que este laberinto emocional tenga salida. Estoy tratando de resguardarme de las heridas, del peligro, del temor a lastimar, lastimarte. Y por sobre todas las cosas; explotar. Descomponerme en micropartículas, dañarme y dejar que el bucle de mi memoria repita la historia una y otra y otra vez. El sentimiento ligado al error. Porque nada es totalmente perfecto. Y a veces es preferible, evitar. Pero dañarse en el intento es bello, y a veces se prefiere el dolor. No por masoquismo, sino por los gratos segundos que se gana al observar otros ojos y reflejarse en ellos. Parece increíble reflejarse en otras almas, encontrarse con la fiel copia de nuestra realidad. Toparse bruscamente con el mayor temor. Y darse cuenta, que la vida te da la oportunidad de trabajar con los pequeños ladrillitos del alma y construir el mayor templo que puedas admirar.Perdí la capacidad de observarte porque en la realidad no es preferible perderse tanto. Porque a tantas palabras rescato las tuyas. A tantas emociones involucro las tuyas, y día a día me olvido que estoy perdida. El templo del alma reclama sinceridad. Pero es muy pronto, y a la vez no quiero, no debo, no puedo. Te dejé caer, me dejo destruir.Me olvidé de destruir tu registro de voz, me olvidé de destruir la pureza de tus ojos con el silencio que guardan, me olvidé de no acordarme de tus manos tibias, me olvidé de la calidez de tus abrazos, me olvidé de que me desvanezco, de que no me acuerdo y aún no sé el final.  


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