Existe una postal que siempre quedará grabada en la memoria
de cualquier persona, y es justamente la postal de ver dormir en la calle a
alguien. Hace poco, iniciaba mi nuevo ciclo lectivo en la facultad. Mis clases
comienzan a la mañana, y para obtener algún lugar me era necesario llegar, al
menos media hora antes del inicio de cada clase. Llegaba tan temprano que debía esperar a que
abrieran las puertas de la facultad. Y en ese lapso de tiempo, observaba como
era el proceso de vida cotidiano de una persona que dormía en la vereda del
frente. Un mendigo que me resultaba muy familiar –lo extrañé en estas
vacaciones-. Se levantaba temprano, mucho antes de que yo llegara a la facu.
Entre las 6 y 6:30 a.m ordenaba sus frazadas, su almohada de mochila, y la bolsa de
dormir. Buscaba agua, se lavaba la cara, y algunas veces se afeitaba la barba
utilizando un pequeño espejito. Me resultaba tan curioso, tan hipnotizante. Aún
sigo pensando en cómo llegó a ése lugar, por qué eligió vivir al frente de la
facultad, a qué se dedica, qué le gusta hacer. En invierno, sentía pena. Por
suerte los vecinos del departamento contiguo le habían “prestado” un pequeño
lugarcito en la vereda para que, al menos tuviese un lugar cerrado, y poder
soportar el frío, y cualquier tipo de inclemencias del tiempo. Hace poco
empezaron mis vacaciones, y aún no sé si seguirá viviendo ahí, pero espero que
haya podido encontrar algún lugar más confortable.
Son situaciones que se observan diariamente, no son
justamente una postal de las más gratificantes, y agradables, pero generan todo
tipo de sentimientos. Otra de las situaciones de reflexión es justamente
viajar. Vivo cerca de la nueva costa, y me es cotidiano cruzar por el nuevo
acceso. Es algo curioso lo que sucede. Es optar entre ver el paisaje; el río
Paraná, las playas de arena, los bancos, las canchas, la gente que sale
temprano a correr, el horizonte y los rayos del sol. Y cruzando la ruta, o
simplemente mirar desde el otro lado, se observa algo totalmente diferente;
miseria. Gente que vive en asentamientos precarios; hecho de corteza de pino,
tablas, cajas de verduras, chapas de cartón, bolsas de consorcio, sin agua ni
cloacas ni luz. La calle de tierra roja se contrasta con las casillas alejadas
una de otras. No conozco sus historias, pero son familiares al entorno y son
imposible negarlas. Es imposible, ocultarlas y tratar de negar una realidad que
lastima, que condena, que imposibilita, que malvive, que destruye.
Hace poco, leía una campaña que daba cuenta de la percepción
errónea sobre las personas pobres; necesitadas, carentes de recursos, o como lo
nombra Eduardo Galeano “los nadie”. Resulta fácil hablar de ellos, hasta parece
sencillo leer su historia. Teñir de comentarios racistas, descalificativos, y
denigrantes a personas que viven en condiciones totalmente diferentes a las
nuestras –“los privilegiados”-. Es fácil toparse con ese tipo de persona que no
duda al decir “que cada pobre está dónde debería estar”, y aquellos que
denigran al punto de cerrarse meramente a una cuestión racial. La pobreza es un
término polémico y controversial, y muchas veces observar desde nuestros
cómodos aposentos no nos brindará una visión clara, justa y total de las
realidades de otras personas. La campaña norteamericana, titulada “Cardboard
Stories” llevada a cabo por la organización Rethink Homeless, trata de abordar
esa minúscula realidad que excede nuestro tiempo de atención. Para conocer que “detrás
de cada sin techo hay una historia
valiosa”.
valiosa”.
La idea que plantean es clara y
sencilla: un trozo de cartón, algo para escribir, y una simple petición: “muéstranos
un dato de tu vida que, si pasáramos por delante tuyo sin detenernos, nunca podríamos
ni imaginar.” Tal cual lo expone la organización. Las imágenes rescatadas son
excelentes y es allí donde es preciso ajustar nuestra lectura a la realidad. De
qué manera juzgamos y con qué tipo de conocimientos lo hacemos. Ya sea a aquellos
que a pesar de vivir en condiciones para nada dignas, cuentan con un techo, o
aquellos que sencillamente no lo poseen.
Y me remontó a la historia de la persona al frente de la facultad,
no lo conozco, no sé cómo ha llegado hasta ahí, y es por ello que no puedo
negar su historia; su pasado y su presente, y tampoco cuento con el derecho de
juzgar su camino.
Cardboard Stories es una campaña que demuestra el valor
de conocer y de observar más allá de nuestros ojos. Y principalmente, tratar de sumergirnos a
realidades ocultas, libres de prejuicios para abrir no sólo la mente, sino el
corazón. 
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