jueves, 24 de julio de 2014

Los Sin Techo

Existe una postal que siempre quedará grabada en la memoria de cualquier persona, y es justamente la postal de ver dormir en la calle a alguien. Hace poco, iniciaba mi nuevo ciclo lectivo en la facultad. Mis clases comienzan a la mañana, y para obtener algún lugar me era necesario llegar, al menos media hora antes del inicio de cada clase.  Llegaba tan temprano que debía esperar a que abrieran las puertas de la facultad. Y en ese lapso de tiempo, observaba como era el proceso de vida cotidiano de una persona que dormía en la vereda del frente. Un mendigo que me resultaba muy familiar –lo extrañé en estas vacaciones-. Se levantaba temprano, mucho antes de que yo llegara a la facu. Entre las 6 y 6:30 a.m ordenaba sus frazadas, su almohada de mochila, y la bolsa de dormir. Buscaba agua, se lavaba la cara, y algunas veces se afeitaba la barba utilizando un pequeño espejito. Me resultaba tan curioso, tan hipnotizante. Aún sigo pensando en cómo llegó a ése lugar, por qué eligió vivir al frente de la facultad, a qué se dedica, qué le gusta hacer. En invierno, sentía pena. Por suerte los vecinos del departamento contiguo le habían “prestado” un pequeño lugarcito en la vereda para que, al menos tuviese un lugar cerrado, y poder soportar el frío, y cualquier tipo de inclemencias del tiempo. Hace poco empezaron mis vacaciones, y aún no sé si seguirá viviendo ahí, pero espero que haya podido encontrar algún lugar más confortable.
Son situaciones que se observan diariamente, no son justamente una postal de las más gratificantes, y agradables, pero generan todo tipo de sentimientos. Otra de las situaciones de reflexión es justamente viajar. Vivo cerca de la nueva costa, y me es cotidiano cruzar por el nuevo acceso. Es algo curioso lo que sucede. Es optar entre ver el paisaje; el río Paraná, las playas de arena, los bancos, las canchas, la gente que sale temprano a correr, el horizonte y los rayos del sol. Y cruzando la ruta, o simplemente mirar desde el otro lado, se observa algo totalmente diferente; miseria. Gente que vive en asentamientos precarios; hecho de corteza de pino, tablas, cajas de verduras, chapas de cartón, bolsas de consorcio, sin agua ni cloacas ni luz. La calle de tierra roja se contrasta con las casillas alejadas una de otras. No conozco sus historias, pero son familiares al entorno y son imposible negarlas. Es imposible, ocultarlas y tratar de negar una realidad que lastima, que condena, que imposibilita, que malvive, que destruye.

Hace poco, leía una campaña que daba cuenta de la percepción errónea sobre las personas pobres; necesitadas, carentes de recursos, o como lo nombra Eduardo Galeano “los nadie”. Resulta fácil hablar de ellos, hasta parece sencillo leer su historia. Teñir de comentarios racistas, descalificativos, y denigrantes a personas que viven en condiciones totalmente diferentes a las nuestras –“los privilegiados”-. Es fácil toparse con ese tipo de persona que no duda al decir “que cada pobre está dónde debería estar”, y aquellos que denigran al punto de cerrarse meramente a una cuestión racial. La pobreza es un término polémico y controversial, y muchas veces observar desde nuestros cómodos aposentos no nos brindará una visión clara, justa y total de las realidades de otras personas. La campaña norteamericana, titulada “Cardboard Stories” llevada a cabo por la organización Rethink Homeless, trata de abordar esa minúscula realidad que excede nuestro tiempo de atención.           Para conocer que “detrás de cada sin techo hay una historia
   valiosa”. 
La idea que plantean es clara y sencilla: un trozo de cartón, algo para escribir, y una simple petición: “muéstranos un dato de tu vida que, si pasáramos por delante tuyo sin detenernos, nunca podríamos ni imaginar.” Tal cual lo expone la organización. Las imágenes rescatadas son excelentes y es allí donde es preciso ajustar nuestra lectura a la realidad. De qué manera juzgamos y con qué tipo de conocimientos lo hacemos. Ya sea a aquellos que a pesar de vivir en condiciones para nada dignas, cuentan con un techo, o aquellos que sencillamente no lo poseen.  Y me remontó a la historia de la persona al frente de la facultad, no lo conozco, no sé cómo ha llegado hasta ahí, y es por ello que no puedo negar su historia; su pasado y su presente, y tampoco cuento con el derecho de juzgar su camino.
Cardboard Stories es una campaña que demuestra el valor de conocer y de observar más allá de nuestros ojos.  Y principalmente, tratar de sumergirnos a realidades ocultas, libres de prejuicios para abrir no sólo la mente, sino el corazón.  
Para visitar la página de la campaña:  http://rethinkhomelessness.org/




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