viernes, 22 de mayo de 2015

Nosotras, las culpables

Somos culpables, lo tenemos escrito en la cabeza, en la memoria, y en cada proceso de sinapsis.  Fuimos, somos y seremos culpables.
Salimos y provocamos. Particularmente, me encanta refregar mis muslos blancos al aire. Mostrar mis kilométricas piernas. Me gusta que me miren, que me deseen. Me visto para ser observada por ustedes. Soy una puta, soy salvaje. No tengo educación, no me comporto como señorita. Atento contra su frágil disposición libidinosa y acepto sin reparos, a que me violen, me maten, me estrangulen. Me la banco, me la estoy buscando. Sé, que no debería salir, y debería estar siempre encerrada; hacer caso a mi padre, y limpiar la casa, atender , complacer, no reclamar nada, y permitir que me digan lo que quieran en la calle cada vez que intento “tranquilamente” ir a comprar algo. Por supuesto que me lo merezco, mis shorts y mis musculosas delatan la gran necesidad de sexo, violencia, y sumisión a la cual estoy dispuesta a soportar.
Prometo esconderme; sentirme avergonzada de ser la especie que cada mes chorrea sangre. Prometo esquivar la mirada, y apuntar mi quijada al suelo. Prometo ser servicial. Prometo. 
Perdón.
Perdón. No son mis palabras, y aunque nacen de pensamientos, sólo quedan plasmados en esta máquina. Por suerte, mi voz y mi alma gritan otras cosas. Otros sentimientos más profundos, más libres. Gritan “YO”.
Cuadro de Benjamín García. Bellísimo. 
Yo quiero salir y ser libre. Estar afuera o estar adentro. Quiero vestirme como quiero. Quiero compartir mi rumbo y chocar con el tuyo. Chocar de manera preciosa. Sentir tu ayuda, y sentir tu respeto. Antes que tuya, soy mía. Antes que mi cuerpo, soy yo. Está mi alma, y ella es la única capaz de juzgar mi rumbo.
Tantos planetas, y no pienso girar en tu órbita. Porque a las mujeres libres les gusta explorar. Y viven buscando, y se viven encontrando. Sienten que sus piernas vuelan solas. Y a veces, también se encuentran con tus muslos. Y encuentran, la necesidad de encontrarnos. No necesito ser acobijada, pero necesito que me tiendas la mano. Y yo te tenderé la mía. 
Antes que animales, somos humanos, somos personas. Tantos años de civilización, y aun no encontrar el equilibrio. Tristeza es escuchar las palabras más fuertes que las balas, más duras que la violencia. Tristeza es no encontrarnos. Tristeza es vivir en desigualdad.
Estrechemos los corazones, más allá de nuestros cuerpos. Sintamos, las necesidades del alma, y luego las del cuerpo. 

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