Somos culpables, lo tenemos escrito en la cabeza, en la memoria, y en cada
proceso de sinapsis. Fuimos, somos y seremos culpables.
Salimos
y provocamos. Particularmente, me encanta refregar mis muslos blancos
al aire. Mostrar mis kilométricas piernas. Me gusta que me miren,
que me deseen. Me visto para ser observada por ustedes. Soy una puta,
soy salvaje. No tengo educación, no me comporto como señorita.
Atento contra su frágil disposición libidinosa y acepto sin
reparos, a que me violen, me maten, me estrangulen. Me la banco, me
la estoy buscando. Sé, que no debería salir, y debería estar
siempre encerrada; hacer caso a mi padre, y limpiar la casa, atender
, complacer, no reclamar nada, y permitir que me digan lo que quieran
en la calle cada vez que intento “tranquilamente” ir a comprar
algo. Por supuesto que me lo merezco, mis shorts y mis musculosas
delatan la gran necesidad de sexo, violencia, y sumisión a la cual
estoy dispuesta a soportar.
Prometo
esconderme; sentirme avergonzada de ser la especie que cada mes
chorrea sangre. Prometo esquivar la mirada, y apuntar mi quijada al
suelo. Prometo ser servicial. Prometo.
Perdón.
Perdón.
No son mis palabras, y aunque nacen de pensamientos, sólo quedan
plasmados en esta máquina. Por suerte, mi voz y mi alma gritan otras
cosas. Otros sentimientos más profundos, más libres. Gritan “YO”.
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| Cuadro de Benjamín García. Bellísimo. |
Yo
quiero salir y ser libre. Estar afuera o estar adentro. Quiero
vestirme como quiero. Quiero compartir mi rumbo y chocar con el tuyo.
Chocar de manera preciosa. Sentir tu ayuda, y sentir tu respeto.
Antes que tuya, soy mía. Antes que mi cuerpo, soy yo. Está mi alma,
y ella es la única capaz de juzgar mi rumbo.
Tantos
planetas, y no pienso girar en tu órbita. Porque a las mujeres
libres les gusta explorar. Y viven buscando, y se viven encontrando.
Sienten que sus piernas vuelan solas. Y a veces, también se
encuentran con tus muslos. Y encuentran, la necesidad de
encontrarnos. No necesito ser acobijada, pero necesito que me tiendas
la mano. Y yo te tenderé la mía.
Antes
que animales, somos humanos, somos personas. Tantos años de
civilización, y aun no encontrar el equilibrio. Tristeza es escuchar
las palabras más fuertes que las balas, más duras que la
violencia. Tristeza es no encontrarnos. Tristeza es vivir en
desigualdad.
Estrechemos
los corazones, más allá de nuestros cuerpos. Sintamos, las
necesidades del alma, y luego las del cuerpo.

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