Tendrá que existir alguna manera de subsistir, alguna manera de viajar sin moverse, alguna manera de escapar y arruinarse. Si no ha de ser así, para qué existimos ¿Para qué?
Déjame rendirme y volver a empezar, conocer perfectamente cada pensamiento que me rodea, que me cercena, que me inmoviliza.
Existirá esa forma de navegar sin razón, de sobrevivir sin pensar, de deteriorarse cada día hacia la muerte y vivir. Vivir sin pena pero con gloria. Gloria de haber vivido los amaneceres más bellos, de haber observado el anochecer más iluminado, de desaparecer al ver cada estrella, de evaporar cada cuota de ansiedad, amargura, orgullo y vanidad.
De sabotear cada vida malgastada, de arrojar cada carga, de quitarse las piedras de la monotonía y gritar.
Cantar y dejar de vivir sin más ni más.
Existirá.
Déjame escapar, reconocer tu voz, y vivir. Soltarte, soltarme. Olvidarte y volver a recordar. Que no estoy acá y nunca debí estarlo. De que nada quiero recordar, porque los recuerdos no sobreviven, y nunca lo harán en esta mente fugaz, de ansias de inquietud, de explotar en millones de partículas de colores, de salir y brincar por encima de la valla. Alejarme, alejarte, vuélvete hacia tu camino. Olvida. Es fácil construir castillos de recuerdos, pero es difícil sobrevivir con ellos. Y entonces, no quiero. No viviré con ellos. Los echaré al viento, a volar, saldrán a buscar sus dueños. Nosotros. Pero no estaré para vivirlos. Ya los habré recordado a su forma y a su debido tiempo. Hoy no.
Si es el éxtasis lo que nos mantiene, si es el amor lo que nos hace vibrar, si es la pasión lo que nos transporta, si es la luz lo que sobrevive con nosotros. ¿A qué se debe sentir tanto desahucio? ¿A dónde se dirigirán nuestras almas? ¿Qué será lo que nos depara?
Aquí adentro no querrán esperar demasiado.
Espero no esperar demasiado.

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