martes, 8 de abril de 2014

Algo aquí adentro

¿Te acordás esos días de tranquilidad? Ese tiempo perdido, pero sabiamente. El alma regocijada con la vida, con el cuerpo, con vos. ¿Te acordás? Jugabas y hacías monigotes, no importaba que tan perfecto estuviese. Pintabas, y sobrepasabas el borde, rompías límites,  y si, no te gustaba, qué importaba, contabas con muchas más hojas; para volver a pintarlas, para volver a destruirlas. 
Pero, vas creciendo. La infancia se tiñe de sepia, se olvida un poco, pero todo desde adentro sigue intacto. 
Levantarse y sobrevivir a un día más parece una odisea. Las estrellas antes del amanecer brindan la esperanza de que algo, en algún lugar del mundo es para vos. 
La rutina destruye, agobia y transforma. Nos transforma en una máquina de emociones y sentimientos superficiales, fríos. 
¿A dónde se va la gente cuándo no tiene ganas de verle a nadie?
¿A dónde se dirige la gente que no encuentra a nadie? ¿A dónde se van las ganas de seguir? 
Es increíble que aún siga teniendo tantas preguntas por responder. Y que haya aceptado tantas verdades, más que de ser verdades son "cosas que pasan".
Algo aquí adentro me grita que las cosas no son así. 
Te has puesto a observar y, como tantas veces la realidad abruma. 
Te has puesto a observar los ojos, distraídos, aquellos que no te observan, pero vos sí. Notas la distancia, la desdicha. 
Desilusión. 

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