Pero, vas creciendo. La infancia se tiñe de sepia, se olvida un poco, pero todo desde adentro sigue intacto.
Levantarse y sobrevivir a un día más parece una odisea. Las estrellas antes del amanecer brindan la esperanza de que algo, en algún lugar del mundo es para vos.
La rutina destruye, agobia y transforma. Nos transforma en una máquina de emociones y sentimientos superficiales, fríos.
¿A dónde se va la gente cuándo no tiene ganas de verle a nadie?
¿A dónde se dirige la gente que no encuentra a nadie? ¿A dónde se van las ganas de seguir?
Es increíble que aún siga teniendo tantas preguntas por responder. Y que haya aceptado tantas verdades, más que de ser verdades son "cosas que pasan".
Algo aquí adentro me grita que las cosas no son así.
Te has puesto a observar y, como tantas veces la realidad abruma.
Te has puesto a observar los ojos, distraídos, aquellos que no te observan, pero vos sí. Notas la distancia, la desdicha.
Desilusión.
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