Todo está cruzado
Vamos por la vida rodeándonos de cosas.
Extendemos nuestras manos y orientamos nuestros ojos a un simultáneo de pantallas flasheadas. Caminamos en nuestros cubículos de vida resumida, y seguimos derecho, como si nada, ni nadie estuviese cruzando alrededor.
Comentamos la foto de Pedrito, likeamos al amigo que hace mil años no vemos, escribimos lo bien que nos hace sentirnos bien y si estamos mal, alguien nos acompaña comentando con emoticón. Compartimos frases de gente que nunca las dijo, y ayudamos con retuits a los pandas de la China Oriental. Decimos que siempre hablamos con los amigos, pero en verdad, sólo chateamos con ellos. Nos convertimos en fotógrafos y editores profesionales full time every day. Nunca nos faltará la habilidad de compartir, likear, y subir nuestra "cotidianeidad" en imágenes. Nos convertimos en Social's Media's. Y a veces pensamos más en la foto que, en vivir el momento.
Nos acostumbramos a pantallas cada vez más grandes, a mirar más y observar menos. A consumir programas cada vez menos procesados, a emociones superfluas, a la transición de lo repetitivo. Seguimos las vidas de personas de la tevé más que las nuestras. Escuchamos a tanta gente, tanto barullo y ninguna voz.
Llegamos a la situación de extrema confusión; la verdad parece mentira, y la mentira es lo que constituye nuestra verdad.
Las reuniones de amigos se llenan de silencios aturdidos por los sonidos de notificaciones del celular. Y ni hablemos si están en " modo vibración" sobre las mesas al almorzar en familia.
La vida nos propone actualización, y el up-grade para estar pro, y si estás pro estás en onda. ¡Buena! Punto para el mercado.
Y sí, a veces lo vemos como problema y capaz, ya se ha convertido en necesidad. Capaz, las cosas no resultan tan negativas como las pueda resumir en estas palabras. A veces, sencillamente, necesitan ser complementadas.
A veces, no bastan con mensajitos y chats, a veces también, necesitamos más abrazos, y gente que nos dé sonrisas, no en formato emoticón, sino en formato cara y dientes, y ojos de chinitos y mejillas con hoyuelos. Porque hace falta que nos acerquemos y revivamos el pasado y sumemos historias del presente. Estar con otros y compartir nuestras penas y nuestras alegrías nos hacen más humanos, y menos máquinas.
Y la cotidianeidad, nos pide que sintamos, vivamos, creamos, y disfrutemos en el momento. Las fotos no hablan de lo que sentimos, dijimos, y de lo que fuimos en ése instante. La memoria guarda más historias completas, que toda una colección de imágenes fragmentadas.
La tevé pide un día de descanso, darle un break, y es necesario apagarla de vez en cuando. Y es allí donde el silencio se hace presente, y todas las voces se escuchan. Y nos damos cuenta que la ficción ya no está en los cuentos ni en las novelas, la ficción es lo que nos quieren vender como verdad. A veces las cosas, no son lo que parecen, lo que se ve, también tiene filtros, como las fotos.
A veces, la cuestión está en el equilibrio. En el salir afuera y ver, oír, sentir, tocar, y acercarse y luego regresar al mundo, y comparar, hacer, vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario