viernes, 11 de septiembre de 2015

Taciturna

La que toma citas nocturnas consigo mismas. La melancólica, la anacrónica. Ficticia y emocional. La que regala cosas sin importancia, la que colecciona diarios porque vive del pasado, y se regodea en el polvo de la memoria. Ilusa, la que crea historias sin sentido, la que imagina un pasado lleno de presente, la que baila, canta, y es otra totalmente diferente, la que grita y grita y grita sin callar. Y no se escucha, y oye tanto. La fría, la fuerte, la sensible, la extraña, la antipática, cerrada, risueña. Nostálgica. La de tiempos perdidos, y relojes sin importancia, la que crea y destruye; pasional y desganada, oscura y traslúcida. La que miente, y vive en la ficción, la que es personaje de historias y no gusta de la realidad. 

¿A dónde te vas? 

La autómata momentánea, la que graba, la que entiende, la que siente. Empática, cariñosa, tonta, marginal. La que le gusta el sol, la que adora el otoño. La que se sienta bajo el árbol, la que te mira a los ojos y se pierde, la que no mira a los ojos para no perderse. La que olvida lo importante, y recuerda lo innecesario, la que tiene y quiere lo que tiene, la que agradece y grita de felicidad y simplicidad. La que escribe lo que esconde, la que escribe cuando habla poco, la que guarda historias, y busca gente. 

La que busca gente llena de palabras, la que quiere ser arrollada por el corazón de palabras cruzadas. La que dibuja los libros, la que lee y relee y destroza porque ésa es su manera de expresar lo que adora. La que se pierde en la imaginación, la despistada, la olvidadiza, la que busca lo ordinario en lo extraordinario, la que busca lo sencillo, la que no quiere muchas cosas. La que adora los abrazos, la que busca sonrisas, la que memoriza poemas, la que te quiere a la distancia, la que extraña sin motivos, la que llora porque quiere, la que guarda miradas efímeras, la que se va, la que viene, la que no se define, la que odia las definiciones, la que extraña los abrazos. La taciturna, la que solitaria en la nocturnidad se escribe poemas para un nadie, y pregunta por su yo. 


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