domingo, 5 de julio de 2015

Alboroto

Y este ser si grita y no oye. Si escribe y siente, y siente en exceso. Me abruma. No siento tanto para dejar de sentir, y reparto y vagabundeo en el sinfín universal de cruzarnos. Cruzarme, dividirme, sentirte lejos, cercano. Cerquita que estoy a olvidarte. Cerquita que estoy a olvidarme. Y me olvido, porqué vivir desviviendo. Pasos cruzados, e infinitos. Finito es la raya de la vida, vivo finito en mis rayas. Y no quiero, y no quiero orden. Y la crisis es amigable y ruego, que a veces se vaya. Y no. No pretendo efímeros, y no soy radical.

Tercas las almas de la indecisión. Y es el ir continúo hacia todos lados, hacia ningún lado. Hacia mí, o hacia vos.
Y no ato memorias, y los caminos fluyen en direcciones turbulentas, la comodidad es trágica. Qué digno es caer, rodar, tumbarse, chocar con el alma, y encontrarme tanto en mí, como en todos.

Y el muro es ventana. La ventana tiene alas, y la firmeza le agobia.

Y te escucho en la sombra. En la sombra del alma. Planto semillas y no odio. Planto transformación y espero, y recibo frutos.
¿Y, qué haría sin la crisis? Necesaria y divina, interruptora y destructora. Demole muros, y transforma.

Desvivo de mí. Me alejo y observo. Cuán necesario fuiste. Y el desapego te trunca el espejo vidrioso. Y me sonrío y me alegro, y no destruyo, porque me transforma. Grito, grito de alegría de vivir para sentir, sentir que vivo.

Es la ficción de vivir y derrumbarse. Es un profundo egoísmo para reconocer que el camino forjado es al interior. Y es magnífico, y sombrío.  Tan necesaria, y tan divina.

Y tan necesario es vivir. Contar la destrucción y habitarme en palabras. En golpes minúsculos del alma. Del corazón nace algo más intenso. Y cuán egoísta es todo.

Y si no fuese así...¿cómo sería?

Sería yo. ¿Será posible volver a encontrarme?

Y sí.

Y todas las estrellas, y las supernovas, y el aire cósmico que te invade, y me agita. Y me agobia sentir cómo siento para sentir menos. Y me responde. Me responde la voz que no oye, y me oye.
Y sí.

Nadie nunca.
Oímos afuera, y no sentimos adentro.


Y se ve.


Y se siente.


Abandono los puntos, y coloco comas. Y espero.

Y esto sigue y continúa aún sin palabras y con gestos de adiós porque no digo chaú recibo energía porque esto es cíclico.


Y decido no esperar. Continúo. Siento en exceso y me encuentro tan efusiva, como triste.
Tan melancólica como profunda.

Profundamente sentida de sentimientos y emociones.
Me cruzo de palabras y me desparramo en ausencias. Vivo vacíos rellenos de superficies estelares.
Y me encuentro.
Y encuentro.
Tanta
Tanta paz.
Y agradezco.
Porque fuiste.
Porque no serás.
Porque fue.
Y no olvido porque lo transformo.
Y no lo guardo, lo dejo volar.
Y recibo para escribir. Escribo y olvido y mientras más escribo más profundo es el desarraigo.

Es el desapego a las cosas, a las personas. Si Dios hubiese pensado en el desapego, y en la necesidad de cortar las amarras, y naufragar a otros rumbos...¿qué hubiese pasado?
Si hubieses pensado en no olvidarte, que olvidar es el olvido a recordar lo que recuerdo y cada recuerdo es el sinfín hacia un camino que destruye que recompone y no quiero. Y sí quiero, al final.

Y me encuentro.

Extasiada.

Atosigada de palabras sin significado.

Es la latencia a no repetir, a sentir lo que trepida en el alma. Y siento con angustia, y con alboroto.

Y me quiero, y me encuentro en crisis. Y resurge en mí la vida creativa que me avisa, y no entorpece, es la luz del continuo avance hacia otros mares, y otros océanos.


Agito en el interior asombroso un mar de sílabas y consonantes. Y me encuentro tan risueña.

Y sí, si quiero la crisis. Porque agradezco sentir en exceso para recordar que estoy viva y que siento tanto como olvido y recuerdo para crear y transformar.


Y al final de todo, la memoria es el arte que se moldea.  

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