sábado, 13 de julio de 2013

La búsqueda

Convive en un mundo irreal, se encuentra detrás de los muros de la irreverencia, destila rebeldía y ganas de gritar al mundo aquella bronca acumulada, se reprime, y vuelve a respirar, trata de conservar la calma, pero sabe que en ningún momento podrá acallar las verdades que posee, conoce perfectamente los escondites secretos de su inconsciencia, y algún día, no muy lejano, inaugura un episodio en el querrá dar a conocer lo que su mente grita, y su boca calla. 
Miedo, se siente limitada por su terrible apatía a no encajar en los cánones, siente que trata de amoldarse a algo que nunca le pertenecerá, se siente oprimida, con las alas cortadas, siente dolor al callarse tanto y aún así considerarse portadora de tanto coraje. ¿Para qué? 
Vivirá para siempre con aquello que juega con su mente y destruye  su colorida alma, convirtiéndola en un cuerpo limitado por los intramuros de lo que envejece, oscurece internamente. 
Se miente. Se esconde, no entiende, busca desprenderse de la moderación, pero si nunca ha probado los niveles mas elevados de su velocímetro, nunca.
 No se siente segura, no puede, no debe. Es casi imposible contenerse para sumirse casi instantáneamente al llanto, la salida, la manera de fluir pacíficamente en la búsqueda de algún desahogo espiritual.
Se siente sola, se siente vacía y a veces sus razones no encuentran la lógica exacta, es el llanto repetitivo, es una crisis, es la desolación. 
Es alguna que otra etapa de búsquedas y pérdidas, es alguna que otro tramo sin finalizar, proyectos de vida sin concluir, alguna meta sin acabar, es un cúmulo de emociones reprimidas de la libertad, es el simple desfajase de la niñez a la adultez. 
Es la ausencia de la cálida mirada que otorga comprensión y contención. Es el mundo interno que ruega un escucha, es el otro ausente. Es una pequeña alma que reviste su exterior de un color mágico y es con ella, justamente que en algunos momentos trata de apaciguar lo que inconscientemente rebrota y resurge con mucha más fuerza en su interior. 
Tratar de esconderse es simplemente negar su verdadera condición, su verdadera disconformidad con su vida, con su alrededor, con su pasado, con su presente, y aún el tan especulativo futuro. Trata de  recrear internamente la posibilidad de cambio y de resurgir como el ave fénix, perdonarse por pasados errores, disculparse y volver a comenzar, llorar y secar la piel. Porque de tan bajo, ya no es posible destrozarse más, aún en la profundo del suelo, sueña con el cambio, se aferra a la vida y lo poco que le ha quedado de alegría. Aún así, cree que puede cambiar, imagina un nuevo mañana, imagina una nueva sonrisa, procurará renovar ese trajín diario de la vida, para llenarlo de acciones milagrosas, aquellas que sanan al alma, aquellas que incorporan la sonrisa del otro y que conforman el valor inalcanzable de lo que no posee precio, es su vida y no posee otra, es ahora, es hoy, es momento de un cambio, de salirse al encuentro con su vida y aquello que espera de ella, aunque duela y aunque sufra.

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